Divina Campo Ramiro nació el 27 de diciembre de 1931 en Lérida. Hija de Mariano Campo Callau, de Laspuña, y de Carmen Ramiro Gutiérrez, natural de Lérida, fue la segunda de cuatro hermanos. Su infancia estuvo atravesada por episodios traumáticos, como la falsa noticia de la muerte de su padre cuando apenas tenía seis años o el paso por el campo de refugiados de Clermont-l’Hérault, en Francia.
En septiembre de 1941, la familia se instaló definitivamente en Huesca, donde trató de reconstruir su vida en un contexto de precariedad económica y represión política. Mariano Campo, antiguo oficial del Ejército republicano, fue relegado a la reserva con un sueldo muy reducido, lo que le obligó a buscar una fuente alternativa de ingresos. Así, abrió en 1942 un establecimiento fotográfico en su propio domicilio del Coso Alto, n.º 88, dedicado inicialmente al revelado y positivado de imágenes. Autodidacta, ingenioso y hábil con la técnica, llegó incluso a construir su propia copiadora. En ese entorno creció Divina, estrechamente vinculada desde muy joven al laboratorio familiar.
Con apenas trece años, en 1944, abandonó los estudios de bachillerato para dedicarse de lleno al aprendizaje del oficio fotográfico. Durante una década se formó de manera práctica como colaboradora de su padre, participando en todas las fases del proceso técnico, desde el revelado hasta la copia final. Cuando en 1954 comenzó a aceptar encargos profesionales, Divina Campo no solo contaba con una sólida experiencia, sino que ya era una figura reconocida por la clientela habitual del negocio.
Entre 1954 y 1958 desarrolló la etapa más intensa de su carrera. Utilizó sucesivamente dos cámaras Kodak, los modelos Retina 2 y Retina 3, que completaba con un flash. En esos años realizó una amplísima variedad de trabajos: reportajes de bodas, bautizos y comuniones; retratos familiares; celebraciones populares; fotografías de interiores, comercios y viviendas; documentación de accidentes, siniestros y sucesos; e incluso funerales. El establecimiento familiar ofrecía, además, un servicio excepcional en la Huesca de la época: el revelado y entrega de copias en el mismo día, lo que supuso una ventaja competitiva decisiva y convirtió a Divina Campo y Fotos Campo en un tándem sin precedentes en el mercado local.
Aunque temáticamente su actividad se inscribía en los géneros habituales de la fotografía profesional del momento, Divina Campo introdujo una ruptura formal significativa. Frente a la rigidez del estudio y las poses convencionales, optó por trabajar en espacios reales -calles, parques, domicilios particulares, fábricas- y por conceder libertad a las personas retratadas. Su método se basaba en la observación paciente y en dejar que la escena se desarrollara sin imposiciones, logrando imágenes de gran naturalidad, frescura y verosimilitud.
Su condición de mujer desempeñó un papel ambivalente en su trayectoria. Por un lado, facilitó su acceso a espacios íntimos y domésticos tradicionalmente vedados a los hombres, lo que le permitió retratar con cercanía a mujeres, niñas y familias. Por otro, su figura encarnó una presencia moderna y poco habitual en la Huesca de los cincuenta: una joven profesional, autónoma, que se desplazaba con ciclomotor propio. Esta combinación contribuyó a que muchas clientas la eligieran expresamente, generando una red de confianza y complicidad que se refleja con claridad en sus imágenes.
El retrato fue el eje vertebrador de su producción. Destacan especialmente sus fotografías de la infancia y de las mujeres, a quienes otorgó una visibilidad insólita en un contexto social profundamente restrictivo. También resulta fundamental su archivo familiar, donde experimentó con libertad y afecto, retratando de manera reiterada a sus hermanos, a sus padres y, muy especialmente, a su hermana Mari Carmen, con síndrome de Down. Estas imágenes revelan una mirada profundamente humana, atenta a la dignidad, la emoción y la singularidad de cada persona. Asimismo, aunque no disparase las fotografías, merece la pena destacar sus autorretratos, ya que antes de posar era ella quien preparaba la cámara.
En septiembre de 1958, Divina Campo contrajo matrimonio con Miguel Peralta Casabón y juntos se trasladaron a la localidad guipuzcoana de Segura, donde él había sido destinado. Y, apenas un año después, se establecieron en Lérida, donde residieron el resto de su vida. Este cambio supuso el final de su actividad profesional continuada. Sin el respaldo del laboratorio familiar ni la red social construida durante años, y con la creciente dedicación a la vida familiar -entre 1959 y 1966 nacieron sus tres hijos, Miguel Carlos, José Fernando y Juan Manuel Peralta Campo-, su práctica fotográfica se fue reduciendo progresivamente. Aunque realizó encargos esporádicos durante algún tiempo, no volvió a ejercer la fotografía como profesión. El establecimiento Fotos Campo cerró definitivamente en el año 1960.
Su nombre no trascendió del ámbito familiar hasta fechas muy recientes, a pesar de haber desarrollado una intensa actividad como fotógrafa profesional en la ciudad de Huesca durante la década de 1950. El hallazgo de su archivo fotográfico, impulsado por María Jesús Buil, directora de la sala La Carbonería, y su posterior incorporación a la Fototeca de la Diputación Provincial de Huesca, permitió recuperar un corpus de imágenes de enorme valor documental y estético. El fondo fotográfico de Divina Campo Ramiro, compuesto por más de diecisiete mil imágenes, constituye, a pesar de su brevedad temporal, un testimonio visual de primer orden sobre la vida cotidiana, los espacios urbanos, las relaciones familiares y las transformaciones sociales de la Huesca de posguerra.
BIBLIOGRAFÍA
– Divina Campo Ramiro. La mirada de una pionera, Huesca, Diputación Provincial de Huesca, 2019.
PÁGINAS WEB
– Web de la Diputación Provincial de Huesca: https://www.dphuesca.es/fondos-y-colecciones/-/asset_publisher/6fWTTZEbTbvR/content/divina-campo/maximized